La presentación del libro La memoria de los ojos. Filmografía completa de Leonardo Favio se hizo esperar. Estaba programada para las 17hs en el Cineclub Municipal Hugo del Carril. Habiendo pasado ya unos quince minutos, un encargado se acercó a pedir disculpas y a comentar el motivo de la demora: la presentación era una suerte de cierre a un ciclo cinematográfico sobre la obra de Leonardo Favio. En ese mismo momento estaba terminando la proyección de Juan Moreira y los espectadores deseaban asimismo asistir a la presentación.
Para amenizar la espera, se propuso la proyección de un cortometraje de aproximadamente diez minutos, titulado El Amigo (primera obra realizada por Favio, hacia 1960). Fue casualmente la búsqueda de dicha pieza fílmica la que afianzó el vínculo entre Favio y los compiladores-autores del libro en cuestión. Resulta que el director había perdido el rastro de su obra por casi medio siglo, pero, afortunadamente, pudo reencontrarse con ella.
Finalizada la proyección del cortometraje y ya con unas veinte personas en la sala, se hicieron presentes Martín Wain y José Ludovico, uno editor y el otro coordinador de la producción, respectivamente. Ellos, grandes admiradores de la obra del excelente director argentino, se propusieron la ardua tarea de recolección de imágenes. Quedaron finalmente en la selección doscientas fotos pertenecientes a ocho largometrajes, un corto y un documental, que junto con entrevistas a amigos, familiares y allegados al director, componen el libro recientemente editado. Éste fue pensado, desde el principio, a modo de devolución frente ‘a todo lo que Favio les dio’.
Dado el marcado carácter autobiográfico que tienen las producciones de Favio, su estrecho vínculo con las producciones y el minucioso trabajo realizado en cada una de ellas; nos encontramos en este libro con una reconstrucción del ‘personaje de Favio’.
En la actualidad, Favio encabeza las listas de los mejores directores argentinos y su producción es material inequívoco en las escuelas de cine del país. Acercarse a él no fue tan fácil. La odisea comenzó hace ya unos años. Al principio, los jóvenes le pidieron al director que fuese juzgado de una serie de festivales que organizaron, ante lo cual Favio respondía que él no podía juzgar a nadie y mucho menos a estudiantes de cine, dado que él nunca había estudiado. Los organizadores insistieron más de una vez, pero sin resultados satisfactorios.
Un tiempo después, se encuentran casualmente con Favio y, en medio de una charla, le proponen recuperar su primer cortometraje: El Amigo. El director dijo que sería imposible, dado que no sabía nada acerca de su paradero desde hace ya muchos años. Sin embargo, los jóvenes pudieron cumplir su promesa, devolviéndole así a Favio, la obra con la que se inició en el cine argentino.
De aquel naciente vínculo surge el interés por reconstruir la vida del director, nada menos que a través de fotogramas de sus obras. Es entonces a partir del 2006 que comienza el rastreo del material. Martín y José se reunieron con un grupo de periodistas, decidiendo enfocarse cada uno en una obra distinta. Fue un delicado y arduo trabajo, ya que mucho de ese material se había perdido con los años. De modo que el mismo director fue recuperando sus obras gracias al trabajo de estos jóvenes.
El recorrido por la carrera fílmica de Favio incluye también una serie de entrevistas a las personas allegadas al mismo: actores, amigos personales, familiares. Durante las charlas con esa gente, fueron descubriendo el amor que tienen por el director todas las personas que han estado acompañándolo de alguno u otro modo a lo largo de su vida. Es posible apreciar que Favio valora ampliamente el trabajo de los técnicos y de todo el equipo presente en sus producciones.
Martín y José contaron mucho de este ‘personaje’, cuya vida se animaron a trazar. Favio le dedicó mucho tiempo a sus películas, es muy detallista y ha llegado incluso a modificar y reestrenar numerosas veces las obras. Se trata, según los jóvenes, de ‘una manera de sentir el cine’.
Tres generaciones son testigos del recorrido de éste director. Favio comenzó en los años 60 con una producción en blanco y negro, situada en lugares que él mismo frecuentaba. De esta década son: Crónica de un niño solo (1964) y Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más...(1966), considerada ésta una de las mejores películas del cine argentino. En la década del 70, nos encontramos con producciones como Juan Moreira (1973) y Soñar, soñar (1976).
En estos primeros años, si bien asistía mucha gente a los estrenos, Favio fue un ‘incomprendido’ y nunca estuvo a gusto con la cantidad de gente en las salas: fue muy ambicioso desde el comienzo. Recién con Juan Moreira alcanzó la masividad que buscaba: 2.800.000 espectadores y la gente aplaudiendo de pie al finalizar las proyecciones.
Cabe destacar que estuvo exiliado más de diez años, en la época de la dictadura, dejando de lado su carrera cinematográfica y dedicándose completamente a la música. Tal es así, que en Centroamérica, donde vivió durante esos años, desconocen al ‘Favio-director’.
Según el juicio de Martín y Juan, recién ahora podemos ver con claridad lo que es Favio. Una de las espectadoras de la presentación del libro adhirió a esto, calificando a Favio como “genio incomprendido”.
Sus últimos trabajos han sido: Gatica, el Mono (1993), Perón, sinfonía del sentimiento (1999) y Aniceto (2008). Fue durante el proceso de producción de esta última obra cuando Martín y José conocieron a Favio, teniendo la posibilidad de seguir paso a paso todo el proceso creativo.
Tenemos en La memoria de los ojos, entonces, la posibilidad de transitar por la fructífera vida de Leonardo Favio. Será una suerte de introducción, para meternos luego de lleno en cada una de sus obras. Definitivamente, un referente del cine nacional.

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