martes, 25 de octubre de 2011

Llantodemudo tiene mucho para contar



Algo cambio en el ámbito actual de la historieta cordobesa, lo que antes era un paramo hoy es un mercado rico y prometedor, con dibujantes y guionistas que ya no temen mostrar sus trabajos. Pero nada de esto hubiera sido posible sin Diego Cortés, fundador “Llanto de Mudo”, editorial cordobesa que con 16 años ha demostrado que la independencia es posible.
Por Las Flores del Mal

¿Contanos acerca de Llanto de mudo, cual fue su origen?

Llanto de Mudo empezó hace dieciséis años, cuando empezamos la facu. Yo estudiaba Filosofía y me junte con dos amigos que estudiaban Plástica. A los tres nos gustaba la historieta y la poesía, y como no había donde publicar nada decidimos hacer fanzines nosotros mismos. Al principio eran con fotocopias comunes. De ahí, ha ido creciendo. 
De ese grupo original, núcleo de los primeros años, fue y vino un mucha gente. Al final durante un tiempo estuve yo solo y ahora estoy con Pablo, que somos dueños del local.


Con respecto a las movidas culturales, parecemos creer que todo sucede en la Capital, que allí están todas las posibilidades. Ustedes han generado un proyecto desde el Interior que ha demostrado todo lo contrario ¿Cuáles son y han sido las ventajas y desventajas de publicar en el Interior y, particularmente, en Córdoba?
Acá te cuesta muchísimo llegar a Buenos Aires. Ninguno de nosotros es empresario, por eso nos ha costado un poco más. Siempre ha sido como te digo: empezamos con fanzines, sacando libros. Recién después de diez años, yo hice tres colecciones: una de poesía, una de historieta y una de narrativa. Mejoramos las ediciones y como se ha ido generando algo de a poco. Justo hace un año y medio empezamos a vender a través de una distribuidora de historietas y eso empezó a darnos más ventas regulares, entonces pudimos apostar más y gastar más. Durante todo el tiempo que hemos ido haciendo cosas, hemos conocido a muchísima gente, especialmente en el ámbito de la poesía y de la historieta. Entonces esas relaciones de amistad me han dado la posibilidad de publicar cosas que están buenas. El tema es que en la historieta tenemos una distribuidora especializada en donde el vendedor es “re pilas” y vende los libros a full. En cambio en poesía y narrativa, no. Las librerías de Córdoba no te dan bola casi, solo hay tres librerías que sí: “El espejo”, “Rubén” y “La conjura” que son las mejores librerías de acá. Entonces lo que ha crecido mucho es la historieta. Lo de poesía todavía sigue siendo medio chico.

Cómo es el trabajo desde la independencia, al no tener ayuda de otro capital…
Nosotros nunca hemos tenido ayuda, ni estatal. Es más, una vez tuvimos una relación con la municipalidad, nos robaron los libros (risas). Así que siempre se ha basado en las ventas. Y más vale que uno aporta lo que puede. Te empezás a relacionar tanto, conoces los grupos que hay en todo el país y por ahí uno cambia cosas y vende cosas: tenemos unos amigos en Neuquén y en Misiones que nos venden, otros en Buenos Aires que mueven nuestras publicaciones en las ferias de libros independientes y todas esas cosas. Entonces son como grandes cooperativas moviéndose por todos lados. La única parte que está funcionando comercialmente es la historieta. Ahora “pegamos” una distribuidora y que nos ha ayudado mucho a mejorar la edición, al tener por lo menos una entrada de “guita” segura y empezamos a distribuir con “Líder” en Buenos Aires, quien nos va a comerciar en todos los Ateneos. Vamos a ver qué pasa. Son pruebas, cosas que uno va aprendiendo. Yo siempre he estado aprendiendo: desde que empecé a editar fotocopias, cómo hacer una revista, cómo hacer un libro, aprendí a manejar la compu, después aprendés a vender y cómo encontrar distribuidoras adonde moverte. Sos un amateur independiente y a la vez como que te vas profesionalizando.

Sabemos que trabajar como independiente te da ciertas libertades…
He hablado con tanta gente en estos años quienes te hablaban del mercado, te hablaban del libro como producto, qué podía ser lo que vendía. Nosotros hacemos los libros que nos gustan. Si nos va bien, bien y si no, bueno… y hasta ahora nos ha ido bastante bien. Mi decisión es que no me importa porque yo he visto un montón de gente que se funde, pero son cosas comerciales.

Más allá de que sos libre, de que elegís la temática y qué editar, etcétera ¿sentís alguna presión de algún tipo, o no te hacés cargo, como acabás de decir?
No, es sólo una cuestión de pagar la imprenta…

¿Nada modifica sus elecciones para publicar? ¿No hay como una ‘línea editorial’?
No, es amplia la línea editorial. Mis gustos son muy amplios en todo. Consumo mucha historieta, mucha poesía, mucha narrativa. Mis gustos son tan grandes que entran muchas cosas muy distintas en ellos. A mí me parece importante la diversidad porque si no, uno se vuelve un dictador estético, si decís “ah, esto es llantodemudo y esto no”.

¿Cuáles es el criterio o cuáles son los elementos que te hacen seleccionar una obra a la hora de editar?
Hay muchas cosas que las produzco yo: edito mis libros, edito los libros de amigos de acá de Córdoba y hay gente de Buenos Aires que no tienen adónde editar allá porque hacen historietas ‘de autor’, algo que no es comercial realmente. En poesía, son muchos amigos, gente que conozco por mail y tengo una relación y conozco la obra. Lo mismo si alguien me manda un mail y me gusta; lo más probable es que publiquemos algo. También hay límites económicos. Nosotros como editorial muchas veces pagamos las ediciones de los autores porque nos parece que se va a vender. A la vez, como esto es una cooperativa de autores, nos ayudamos mutuamente: compartimos los gastos y dividimos proporcionalmente. Si ponemos el cincuenta cada uno, nos quedamos el cincuenta cada uno.

La mayoría de sus publicaciones se inscriben dentro de los géneros de poesía y cómic (locales o nacionales) que parecen ser los más rechazados por las grandes editoriales, ¿Por qué esa elección?
Primero, una aclaración para estudiantes de Letras: yo he tenido muchas discusiones, he sido jurado muchas veces de historieta y siempre me ponían con la gente de Letras. La historieta no es un género de la literatura ni un género de la pintura. La historieta es una disciplina artística distinta porque usa texto, imágenes y una narración secuencial, que hace que no sea un cuento, ni siquiera que sean dibujos sueltos. Tiene un lenguaje propio. La parte más literaria es la parte que desaparece, el guión. Eso lo sé porque soy guionista y de todo mi laburo queda el 30 por ciento nomás, cuando uno lo lee.

Hablemos de “géneros comerciales”, entonces, por decirlo así.
Está como entrando al mercado más. En poesía, son todas de edición independiente, salvo grandes autores. La historieta ahora tiene mayor prestigio, por ejemplo  la editorial “Mondadori” ahora tiene una colección de historietas. Pero que tenga mayor prestigio parte de una movida internacional con la idea de la historieta como ‘novela gráfica’. Le dicen así a partir de “Maus”, obra de Art Spiegelman, y otro par de comics, que son historietas destinadas a un público adulto. En realidad es un disfraz de “mercadotecnia” para vender: te dicen que es una graphic novel, una novela gráfica, para el tipo que le da vergüenza la historieta y te dice “no, yo leo libros”, y los lee…pero en realidad no existe, en realidad es una historieta.

Vos nos decías que no trabajás o cuesta más trabajar con estas producciones de autor. ¿Te sentís cómodo con la categoría de género, o buscas ciertas transversalidades? Por ejemplo: ‘más texto’, ‘más guión’ o ‘menos imagen’
No, no. Una de las cosas que hacemos es respetar a los autores, a mí me parece que los libros son de los autores. Me irrita mucho el trabajo de editor como un tipo que le cambia la obra al autor, entonces nosotros la respetamos. Si yo elijo algo es porque la persona que lo está haciendo tiene algo importante para decir, algo que les es propio. Lo que hacemos (como editores) es cuidar la sintaxis, la ortografía y la edición porque nosotros como editorial consideramos que  el autor es el dueño de libro. Entonces si ustedes ven, si agarran los libros, son todos muy distintos: las tapas, todo. No tiene una estética común la editorial, salvo el simbolito. Dejamos que cada autor elija.

Y en esos distintos autores ¿hay algunos que, por ejemplo, problematizan esa noción de ‘género’, ‘historieta’, trabajando con otros elementos…?
Sí, hay muchos cruces, especialmente yo he hecho varias historietas que son poesías ilustradas directamente. Una de las cosas buenas que tiene la editorial es que si yo me voy a vender, por ejemplo, en la Feria del Libro de Santiago del Estero, donde me invitaron, voy y llevo otras cosas también, libros de poesía y narrativa. Entonces hago lo mismo cuando voy a un festival de historieta: llevo todo mezclado, porque todo el mundo sabe que editamos de todo. Entonces por ahí vendemos bastante. Se acerca gente que le gusta lo que hacemos de poesía y termina comprando algo de historieta. En mi cabeza siempre ha sido todo lo mismo. Para mí entre poesía, narrativa e historieta no hay nada que tenga más valor o menos valor.

Estuvimos en la charla que dieron en la Feria del Libro, donde hablaban un poco de la idea de un nuevo comic que se desprende un poco de la idea del ‘héroe clásico’ o de aventuras... ¿Podría decirse, entonces, que en ese aspecto se acerca un poco más a la literatura o a la narrativa?
Se acerca en cuanto a la libertad. Es como le pasó a la literatura, en realidad, al principio ¿qué era? Era folletín, literatura de aventuras. A medida que fue avanzando, fue abandonando eso por el medio de publicación. Se publicaba como si fuera una telenovela o una historieta semanal que salía por capítulos. La historieta también superó eso en los últimos cien años. Empezó saliendo como tira de prensa en los diarios y era de aventuras. Hay que tener en cuenta que la gente que busca entretenimiento, no busca literatura; ve la tele, va al cine. Y lo mismo le pasa a la historieta, la gente que busca divertirse no lee más historietas, lee otras cosas. La historieta de aventuras no debe desaparecer, pero hay cada vez menos y lo más interesante que se hace en historieta no es eso ahora; pero es una cosa de vencimiento que a la vez es la base de la popularidad. Pero pasa con todo, con la poesía también: en otro momento a Neruda lo leía todo el mundo, ahora…

En la charla de la Feria hablabas de una madurez en Llantodemudo que se nota en la calidad de sus trabajos y sus nuevos proyectos ¿Cuáles crees que son las claves para alcanzar ese crecimiento y lograr el reconocimiento de los autores?
El hecho de que las ediciones sean lindas, originales y ofrezcan una buena portada ha hecho que muchos autores reconocidos de Bs As hayan querido publicar con nosotros, tal es el caso de Gustavo Salas y Diego Parés. Las editoriales son muy crueles con los autores, los explotan por así decirlo. Nosotros tenemos otra visión, para nosotros ellos son socios. Les pagamos los derechos de autor como podemos, en algunos casos con ejemplares. Este año hemos crecido mucho, ya hemos publicado doce libros, que es una barbaridad. Estamos avanzando muy rápido y hay que aprovechar este momento, ya que no sabe si ese crecimiento será regular en la Argentina.

Se dice que estamos viviendo la era digital, e incluso el lema de la Feria era precisamente “el libro en la era digital”, Nosotras pensamos que hay una revalorización del libro objeto.  ¿Cuál es tu opinión respecto al tema? ¿Cuáles son las ventajas y dificultades que esto presenta para una editorial como la suya?
Argentina está atrasada tecnológicamente, no creo que haya gente que sepa como leer un libro digital, eso requiere una competencia en particular. Lo digital es otra experiencia, como así también lo es el libro. Lo que ofrece lo digital, lo positivo de eso es la posibilidad de diseñar un libro en casa, también es más fácil que por medio de eso la gente conozca cosas más raras, mas alternativas. Es como les vengo diciendo, “ha cambiado mucho la forma de hacer literatura”.



Trazando la vida de Favio

por Dolores Marimón



La presentación del libro La memoria de los ojos. Filmografía completa de Leonardo Favio se hizo esperar. Estaba programada para las 17hs en el Cineclub Municipal Hugo del Carril. Habiendo pasado ya unos quince minutos, un encargado se acercó a pedir disculpas y a comentar el motivo de la demora: la presentación era una suerte de cierre a un ciclo cinematográfico sobre la obra de Leonardo Favio. En ese mismo momento estaba terminando la proyección de Juan Moreira y los espectadores deseaban asimismo asistir a la presentación.
Para amenizar la espera, se propuso la proyección de un cortometraje de aproximadamente diez minutos, titulado El Amigo (primera obra realizada por Favio, hacia 1960). Fue casualmente la búsqueda de dicha pieza fílmica la que afianzó el vínculo entre Favio y los compiladores-autores del libro en cuestión. Resulta que el director había perdido el rastro de su obra por casi medio siglo, pero, afortunadamente, pudo reencontrarse con ella.
Finalizada la proyección del cortometraje y ya con unas veinte personas en la sala, se hicieron presentes  Martín Wain y José Ludovico, uno editor y el otro coordinador de la producción, respectivamente. Ellos, grandes admiradores de la obra del excelente director argentino, se propusieron la ardua tarea de recolección de imágenes. Quedaron finalmente en la selección doscientas fotos pertenecientes a ocho largometrajes, un corto y un documental, que junto con entrevistas a amigos, familiares y allegados al director, componen el libro recientemente editado. Éste fue pensado, desde el principio, a modo de devolución frente ‘a todo lo que Favio les dio’.
Dado el marcado carácter autobiográfico que tienen las producciones de Favio, su estrecho vínculo con las producciones y el minucioso trabajo realizado en cada una de ellas; nos encontramos en este libro con una reconstrucción del ‘personaje de Favio’.
En la actualidad, Favio encabeza las listas de los mejores directores argentinos y su producción es material inequívoco en las escuelas de cine del país. Acercarse a él no fue tan fácil. La odisea comenzó hace ya unos años. Al principio, los jóvenes le pidieron al director que fuese juzgado de una serie de festivales que organizaron, ante lo cual Favio respondía que él no podía juzgar a nadie y mucho menos a estudiantes de cine, dado que él nunca había estudiado. Los organizadores insistieron más de una vez, pero sin resultados satisfactorios.
Un tiempo después, se encuentran casualmente con Favio y, en medio de una charla, le proponen recuperar su primer cortometraje: El Amigo. El director dijo que sería imposible, dado que no sabía nada acerca de su paradero desde hace ya muchos años. Sin embargo, los jóvenes pudieron cumplir su promesa, devolviéndole así a Favio, la obra con la que se inició en el cine argentino.
De aquel naciente vínculo surge el interés por reconstruir la vida del director, nada menos que a través de fotogramas de sus obras. Es entonces a partir del 2006 que comienza el rastreo del material. Martín y José se reunieron con un grupo de periodistas, decidiendo enfocarse cada uno en una obra distinta. Fue un delicado y arduo trabajo, ya que mucho de ese material se había perdido con los años. De modo que el mismo director fue recuperando sus obras gracias al trabajo de estos jóvenes.
El recorrido por la carrera fílmica de Favio incluye también una serie de entrevistas a las personas allegadas al mismo: actores, amigos personales, familiares. Durante las charlas con esa gente, fueron descubriendo el amor que tienen por el director todas las personas que han estado acompañándolo de alguno u otro modo a lo largo de su vida. Es posible apreciar que Favio valora ampliamente el trabajo de los técnicos y de todo el equipo presente en sus producciones.
Martín y José contaron mucho de este ‘personaje’, cuya vida se animaron a trazar. Favio le dedicó mucho tiempo a sus películas, es muy detallista y ha llegado incluso a modificar y reestrenar numerosas veces las obras. Se trata, según los jóvenes, de ‘una manera de sentir el cine’.
Tres generaciones son testigos del recorrido de éste director. Favio comenzó en los años 60 con una producción en blanco y negro, situada en lugares que él mismo frecuentaba. De esta década son: Crónica de un niño solo (1964) y Este es el romance del Aniceto y la Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y unas pocas cosas más...(1966), considerada ésta una de las mejores películas del cine argentino. En la década del 70, nos encontramos con producciones como Juan Moreira (1973) y Soñar, soñar (1976).
En estos primeros años, si bien asistía mucha gente a los estrenos, Favio fue un ‘incomprendido’ y nunca estuvo a gusto con la cantidad de gente en las salas: fue muy ambicioso desde el comienzo. Recién con Juan Moreira alcanzó la masividad que buscaba: 2.800.000 espectadores y la gente aplaudiendo de pie al finalizar las proyecciones.
Cabe destacar que estuvo exiliado más de diez años, en la época de la dictadura, dejando de lado su carrera cinematográfica y dedicándose completamente a la música. Tal es así, que en Centroamérica, donde vivió durante esos años, desconocen al ‘Favio-director’.
Según el juicio de Martín y Juan, recién ahora podemos ver con claridad lo que es Favio. Una de las espectadoras de la presentación del libro adhirió a esto, calificando a Favio como “genio incomprendido”.
Sus últimos trabajos han sido: Gatica, el Mono (1993),  Perón, sinfonía del sentimiento (1999) y Aniceto (2008). Fue durante el proceso de producción de esta última obra cuando Martín y José conocieron a Favio, teniendo la posibilidad de seguir paso a paso todo el proceso creativo.
Tenemos en La memoria de los ojos, entonces, la posibilidad de transitar por la fructífera vida de Leonardo Favio. Será una suerte de introducción, para meternos luego de lleno en cada una de sus obras. Definitivamente, un referente del cine nacional.

lunes, 24 de octubre de 2011

Un mediodía en la Feria

Por Melisa Frau Lavarda

Ser un visitante ocasional de la Feria del Libro, como todos sabemos,  permite observar ciertas cosas y estar allí todos los días del ciclo permite ver otras. Un acercamiento a la feria desde el interior nos revela otros matices.
A las once menos cuarto los expositores de la Feria del Libro 2011 tienen que estar preparando sus stands para que a las once de la mañana se abran las puertas al público. Ya a esa hora, casi todos los días, hay gente esperando para entrar. Por lo general, se trata de gente que no vive cerca del centro y salió a hacer otras diligencias y, al toparse con las carpas en la plaza San Martín, prefiere esperar unos minutos para ver qué les espera adentro.
El mediodía es el momento en que más flujo de personas hay. Lo acompaña un acordeonista sentado en un cantero que llena el aire de las carpas con valsecitos, pasos dobles y alguna que otra tarantela. Alguna que otra vez, una pareja entrada en años que justo sale de una carpa para entrar en otra, al escuchar la música, se pone al lado del músico y comienza a bailar. Gente los rodea y aplaude.
 Los padres que tienen a los pequeños entretenidos entre los libros multicolores o los lápices para dibujar empiezan a apurarlos para “ir a comer que llegás tarde al colegio”. El tránsito de los pasillos de las carpas al mediodía, también, es más rápido; transeúntes ocasionales prefieren, aunque se dirigen a otro lugar, pasar velozmente por la carpa en vez de los costados para ver fugazmente los puestos. También, se ven pasar mozos apurados de los bares aledaños que llevan comidas encargadas al personal de algunos stands.
A esas horas, además, comienzan a pasar más seguido los numerosos estudiantes de arquitectura de distintos años: les han asignado una tarea de relevamiento de la disposición espacial de cada cubículo. Así es que fotografían las instalaciones y, en grupos, se paran frente a los puestos y se ponen a debatir y a llenar planillas. Parece que la feria del libro es un acontecimiento muy tenido en cuenta en diversas áreas de la educación; chicos también de los secundarios se acercan a hacer entrevistas que graban en celulares. La mayoría de las preguntas están relacionadas con el libro en la era digital, con la cantidad de gente que viene a la feria y con los libros que más se venden. Aparentan estar nerviosos al entrevistar: acercan el teléfono/micrófono a su boca cuando el entrevistado está hablando y viceversa.
Sumado a estos “visitantes” podemos ubicar el grupo de los “eternos desinformados” que atacan a los puesteros que más cerca están de las puertas con preguntas sobre las actividades de la feria, los horarios de la feria, los nombres de TODAS las editoriales de la feria y sobre la hora de cierre del Banco Nación y Banco Francés.
También, están los pequeños que corren y los retan, los que comen helado y los guardias se lo prohíben (no se puede ingresar con alimentos a la feria) y los que lloran porque se quieren o no se quieren ir o quieren “las dos cosas”: comer el helado y pegotear los libros con él. Eventualmente, llora un niño extraviado que perdió a sus padres entre las hojas de una enciclopedia gigante en algún stand.
 Hay gente que se queja del precio de los libros, gente contenta que consiguió La Odisea por diez pesos. Hay gente que va muchas veces, gente que no, abuelos que caminan muy despacito, gente que se tropieza con algunas tablas desniveladas del piso de madera flotante. La feria del libro contiene decenas de personajes y situaciones que la resignifican para quien estuvo allí diariamente. La feria también es un lugar de encuentros y desencuentros, anécdotas de lectores y lectores en potencia. Es un lugar de historias para contar: las que allí se producen y las que allí están, envueltas en libros que, como tantos otros, esperan que los halle su lector.

¿De que vive la Historieta Argentina?

por Gabriela Sitto

"Corina y el pistolero" de Luciano Saracino
    Los lectores argentinos estamos más o menos familiarizados con el género, o la disciplina, mejor decir, de la historieta o la tira de humor gráfico; ya sea porque seamos apasionados de las viñetas, o porque tengamos la costumbre de leer en los diarios la página de humor, o porque hayamos leído y disfrutado de algún clásico en nuestra infancia o adolescencia: Patoruzú, Mafalda, Inodoro Pereyra, El Eternauta, clásicos de clásicos que forman parte del imaginario colectivo nacional. Grandes autores, guionistas e ilustradores, grandes obras, personajes inolvidables, creaciones de una originalidad sin precedentes. El ámbito de la historieta argentina se viene desarrollando y creciendo desde hace ya varias décadas: desde las caricaturas de humor político de los años 30, pasando por la masiva popularidad de ciertas publicaciones en los años 50, hacia la consagración de grandes autores en los 80 y 90; la historieta argentina atravesó espacios diversos de la vida social y etapas variadas de creación.
    Hoy en día algunos hablan de la nueva historieta, del fin de la historieta clásica de aventuras, del acercamiento al mundo literario y a la experimentación artística y, de unos cuantos factores más, que configuran un panorama fresco y prometedor para la historieta argentina. Otros prefieren considerarse herederos de una tradición y artistas de su época. Lo que realmente importa es que parece que el ámbito de la historieta se amplió hacia un público más diverso que demanda y consume nuevas experiencias en este terreno artístico.
"Libro ordinario" de Gustavo Sala
   A la par de la labor de los artistas, lo que llamamos “la historieta argentina” es también el trabajo de unos cuantos editores, que, frente a toda adversidad, se encargaron y se encargan de difundir obras de una disciplina, a menudo ignorada por la crítica (oficial) y el mercado (competitivo). Desde Córdoba, la editorial independiente Llantodemudo trabaja desde hace 17 años para que la obra de historietistas, escritores y músicos cordobeses y del país se publique y se difunda.
   Es por eso que, en la Feria del Libro Córdoba de este año, y en el marco del Viñetazo, el sábado 17 de septiembre se llevo a cabo una charla a cargo de Diego Cortés, uno de los fundadores de Llantodemudo, que se proponía debatir el cómo y el porqué editar historieta nacional desde Córdoba, y que convocó a reconocidos historietistas del país y a talentosos artistas locales, entre ellos, Gustavo Sala, Diego Parés, Luciano Saracino, Kwainchang Kráneo, Lucas Aguirre (autor de la ilustración de la Feria) y Nacha Vollenweider.
"Doble V" de Aguirre y Bevaqua
   En la charla, que se dio en un clima muy relajado y casi íntimo, los autores debatieron y nos aclararon un poco el panorama de la historieta: cuáles son sus motivaciones a la hora de trabajar, cuál es la función social del humor y el papel de la historieta en la Argentina y, una cuestión escencial: ¿de qué vive el historietista argentino?
"Ruta 22" de Von Sprecher
y Vollenweider
   No llama la atención escuchar, en boca de los autores presentes en la charla, los elogios para Llantodemudo, que se ha ganado el prestigio de ser una de las pocas editoriales que respeta, por sobre todas las cosas, el trabajo y (en la medida en que se pueda) los caprichos de los autores; porque la charla es una excusa también, para presentar los libros de los autores presentes, publicados con la editorial cordobesa. Parés resalta la idea de permanencia de Llantodemudo, y recupera y nos recuerda la revista Hortensia, una de las pocas publicaciones cordobesas de humor que logró mantenerse vigente y subsistir en una época donde sólo parecían posibles aceptar las censuras o persistir en la clandestinidad.
   Entonces, los autores y el público presentes nos hacemos un espacio para reflexionar sobre el humor y su función social: para Parés el humor es casi catártico, “me río para no llorar”, dice; y es que muchas veces el chiste funciona como espacio liberador, descomprime las tensiones sociales y nos distiende; otras veces también el humor es la única manera posible de decir cosas que de otra forma sonarían violentas. Los chistes de Sala, que rozan lo perverso y lo escatológico, las ilustraciones políticas de Parés en la revista Barcelona, son ejemplos de esto. Sin embargo, Sala se jacta de su total desinterés por expresar algún sentido: “mi humor es como una venganza ridícula o idiota para sacarme la leche por algo que me molesta cotidianamente”, comenta entre risas.
"Correrías de el Sr. y la Sra. Rispo de Diego Parés
La historieta es un espacio que se arma y se desarma según el gusto de autores y lectores, pero en Argentina particularmente, proliferan obras que se inspiran en sucesos políticos o históricos. Desde la caricaturización de las figuras políticas que realizaba la revista Caras y Caretas, hasta las historietas históricas que salen mensualmente en la revista Fierro; la realidad cotidiana e histórica otorga contenidos para la historieta que producen como efecto (buscado o no) la reflexión sobre el país. Esto no quiere decir que no haya también otra historieta, rica, riquísima, que toma material de la ficción y que nos transporta, cálidamente para los que nos dejamos llevar, hacia mundos paralelos.
"El cuervo que sabía" de Kráneo
   Pero aunque en la Argentina hay espacios como Llantodemudo que se preocupan por difundir las obras argentinas, todavía resulta bastante difícil vivir sólo de la producción nacional; las opciones que tienen los historietistas es realizar trabajos en el exterior, o laburar en los medios de comunicación, o simplemente vivir de otra cosa. A la historieta argentina le hace falta profesionalidad, no porque los autores carezcan de profesión, no porque no haya un campo amplio, amplísimo, que es el de la historieta nacional, sino y, por sobretodo,  porque le hace falta reconocimiento.

Para más información:



-Kwaiching Kráneo: http://www.kwaichang.com.ar




-Roberto Von Sprecher: http://robertovs.blogspot.com/



domingo, 23 de octubre de 2011

Los niños dijeron ¡Presente!

 Por Melisa Frau Lavarda

La feria del libro edición 2011 llevada a cabo desde el 4 hasta el 22 de septiembre en la plaza San Martín fue un espacio tanto para grandes como para chicos. Escuelas primarias, jardines y padres con  pequeños no faltaron a lo largo de todo el ciclo. La oferta de literatura infantil no quedó atrás de la de los grandes.
 Todos los días que duró la feria, estuvieron los stands de Bic y Faber Castell dedicados exclusivamente a actividades recreativas para los pequeños como hacer dibujos, juegos con premios y sorteos con productos escolares.

A su vez, este año, la programación de espectáculos, charlas y presentaciones que se realizaron en el marco de la feria estuvieron fuertemente dedicadas hacia los más chicos: obras de títeres en el  Obispo Mercadillo, teatro y hasta la presentación Mayor y  menor del humorista Chanti, tuvo una audiencia casi total de jóvenes.
  También, expositores comentaron que fue notable la presencia de chicos y que más frecuentemente que años anteriores los papás consultaron por libros infantiles para llevar de regalo a los sus hijos. Además, mencionaron que Gaturro de Nik fue un éxito en ventas y que les sorprendió lo popular que es entre los chicos de aproximadamente 8 a 15 años. 

miércoles, 19 de octubre de 2011

“Los chicos nos piden coherencia y credibilidad”

Liliana González, experta en problemática educacional diserto el sábado 17 de septiembre en el Teatro Real acerca de los problemas que aquejan a las escuelas actuales.

Por Florencia Bacigalupi

Lic. Liliana Gonzalez 
Es una templada mañana de septiembre y las carpas de la edición 2011 de la Feria del Libro copan la plaza San Martin. Estamos en la puerta del Teatro Real esperando que comience la charla que dará la licenciada Liliana González, eminente pedagoga y figura referente en todas aquellas charlas y congresos que tengan a la educación como foco.
Poco a poco se llena la sala principal del teatro con un público que desde el vamos se muestra interesado por lo que González tiene para decir. Y no es para menos, la charla se titula “Del malestar al bien-estar docente”, y en ella se plantean cuestiones que son de intensa actualidad: desinterés, apatía, discriminación, incertidumbre ante un futuro no muy claro y por supuesto, violencia. Viejos males que asolan a la escuela desde el siglo pasado, y que a comienzos de la segunda década del  siglo XXI no encuentran solución.
González comienza la charla y plantea la premisa que dejara a todos pensando, ¿“De quien es la culpa en la escuela”? por que como todo en la vida, “los responsables no son solo los chicos que no quieren estudiar, las culpas son repartidas”. Porque es cierto que el desinterés de los alumnos es general, pero “¿Qué hacen los docentes para interesarlos? ¿Qué herramientas posee el maestro que frente a sus alumnos se siente inhibido e incapacitado de poder manejar un curso? ¿Cómo lograr que los chicos se identifiquen con los contenidos escolares?”. Lo más fácil es caer en el estigma y la generalización barata, “los chicos son vagos”, pero como nos dice ella, “nadie nace vago, nosotros como adultos al juzgarlos desde nuestra perspectivas los vemos como vagos, por lo tanto los convertimos automáticamente en vagos”.
Ante esto las reacciones de los asistentes son variadas, están los que asienten cada una de las palabras de la disertante. También se ven caras serias que absorben cada detalle de la charla, anotando minuciosamente en sus cuadernos y blocks de notas. Todos escuchan, analizan y piensan, absorbiendo las palabras de la Licenciada, sonriendo ante sus chistes y escuchando atentamente  las anécdotas que usa para ilustrar lo que nos cuenta.
Han pasado ya dos horas, la Lic. González desde el escenario del Real nos dice que a pesar de todo las cosas no están perdidas, que la tarea del docente es más importante que nunca, ya “que para bien o para mal, el docente deja una huella en sus alumnos” y que “los chicos piden,  necesitan que los profesores y maestros sean ante todo creíbles, coherentes”. Coherencia y credibilidad dos cosas que no se observan en las aulas.
El aplauso es cerrado, la gente abandona el lugar lentamente, charlando y comentando los aspectos más relevantes de la disertación de Liliana González. Una vez más la Feria del Libro nos sorprende con propuestas que gratifican y educan.

martes, 11 de octubre de 2011

No toda la culpa es de los chicos

Por Florencia Bacigalupi

Dentro de la edición 2011 de la feria del libro, la Lic. Liliana González dictó el 17 de septiembre en el Teatro Real una conferencia intitulada “Del Malestar al Bien-estar Docente”.

Lic. Liliana Gonzalez durante su charla en el Teatro Real
La autora del libro “Educación en escena”, se presento el sábado pasado frente a una considerable audiencia. La especialista en educación discurrió sobre la crisis que atraviesa la escuela actual, los problemas que enfrentan los docentes en su tarea de educar y contener a los alumnos y, también ahondo en la falta de perspectivas y valores a los que se enfrenta los jóvenes dentro de las instituciones escolares.

La conferencia  organizada por la Asociación Mutualista del Docente, no solo convoco a maestros y afines, sino que también apunto a estudiantes universitarios y de profesorados terciarios,  buscando abrir el panorama a las nuevas generaciones de educadores. Entre los ítems más destacados que se plantearon a lo largo de la charla, González, destacó que las culpas son repartidas ya que el problema no es solo la falta de interés por parte de los alumnos, sino también el poco compromiso de los docentes al momento de enseñar que se refleja en las aulas.